sábado, 18 de agosto de 2012

Día de reyes

Era un jueves, a la madrugada, el reloj marcaba las 4 y nosotros dormíamos profundamente, esperando a que como siempre la luz del día nos hiciera darnos buenos días, entonces la puerta del dormitorio de los niños se abrió sigilosamente, se escucharon unos pasitos bajando por las escaleras, y entonces unos gritos nos hicieron levantarnos de la cama asustados, los pasos cada vez iban más rápido, y volvían a subir las escaleras hasta llegar a nuestra habitación y abrir la puerta, entonces las sonrisas de nuestros pequeños brillaban en la oscuridad más ilusionadas que nunca, el brillo de sus ojos se podía distinguir a kilómetros, corrían por la habitación con el pijama y con regalos en las manos gritaban como locos en aquella estrellada noche de reyes, al encender las luces tu y yo nos miramos felices de poder pasar otro año más unidos como la familia que siempre soñamos tener. Nos miramos y nos reímos tanto con los pequeños hasta bajar corriendo como dos niños más a abrir los regalos que nos esperaban al pie de nuestro árbol de Navidad. Aquellas fueron las mejores Navidades de nuestras vidas.