martes, 8 de enero de 2013

Miércoles cinco.

Todo empezó un miércoles 5, estaba yo tranquilamente sentada en la silla de una cafetería mientras leía el periódico y desayunaba un croissant y un café. Entonces sentí como el suelo vibró al rodarse la silla que se encontraba ante mí, aparté la vista del periódico con un aire de curiosidad por ver quién había ocupado esa silla.
-¿Hola?, ¿Qué haces?- pregunté con la voz temblorosa.
Era un chico joven, por su forma de vestir y su corte de pelo tendría dos o tres años más que yo. Vestía bien, parecía un chico adinerado, por tanto, más curiosidad me entró al saber que no había ido a pedirme limosna ni a venderme nada.
- Hola, me dio la sensación de que te conozco de algo y vine a averiguarlo- dijo con una voz paciente y muy segura, al terminar añadió una sonrisa.
Sinceramente es una de las sonrisas más bonitas que he visto en mi vida.
- Pues me parece que no - respondí.
- Pues yo creo que ya va siendo hora de que me conozcas.
Ambos sonreímos, nos miramos durante unos segundos. En ese preciso momento supe que ibas a cambiar mi vida por completo. Sabía que no iba a desayunar más sola.