Era domingo y amanecíamos en el hotel de Madrid, junto a la gran vía después de una noche perfecta, cena romántica, paseo por las calles de Madrid, y cuando llegamos al hotel la noche se convirtió en mágica, no hace falta dar detalles de aquella habitación, solo sé que era domingo y nos dos despertábamos bajo las mismas sábanas que por la noche habían compartido tanto con nosotros.
Una rutina juntos, un deseo que por un fin de semana se había cumplido, tuvimos que esperar, pero valió la pena, fue un fin de semana nuestro, y no hay palabra que lo describa mejor. NUESTRO.
Apenas salimos de la habitación, habíamos esperado un año para aquel fin de semana y queríamos aprovecharlo pasando todas las horas del día juntos, y así lo hicimos, todas las promesas y todos los planes que habíamos hecho en un pasado las cumplimos aquel fin de semana. Y es que su regalo por mis 18 años, fue inolvidable.
