Eran las 7:00 de la mañana cuando me sobresalté con el timbre, las peluqueras y maquilladoras no paraban de entrar maletas, empezaron a lavarme el pelo y a hacerme el fabuloso recogido de novia que ya tenía escogido, mientras otras me pintaban las uñas y otras le sacaban brillo a las joyas y sacudían el traje. A las 8:30 sonó de nuevo el tiembre, mi madre y las damas de honor entraron gritando y agitando las manos como locas, comenzé a reirme, esa fue la primera sonrisa del día y por supuesto no la última. El traje de novia me lo comencé a acomodar a las 9:00, zapatos, lazos, liguero, guates, velo, las de maquillaje ya me habían empezado a maquillar antes de que me diera cuenta, a las 9:30 ya todo el mundo estaba preparado para la operación "Mi Boda", el coche me esperaba, estaba tan nerviosa que por un instante pensé que iba a vomitar, pero ninguna duda.
El coche paró ante las puertas de la iglesia, allí estaba toda mi familia aplaudiendo entusiasmada, algunos lloraban de emoción y yo con la sonrisa más bonita que hubiera tenido jamás. Mi padre me acompañó al altar, pero según se abrieron las puertas ante mi y comenzó la marcha nupcial las piernas me temblaban al verle a él al fondo del pasillo, la iglesia estaba preciosa, y desde fuera se percibía el olor a flores, mi barriga dió mil vueltas antes de llegar al altar, y hubieron momentos en los que sentía como mi padre me arrastraba de la mano, cuando por fin llegué y lo tuve a él allí ante mi, dos lágrimas resbalaron y cayeron al suelo, estaba tan feliz, mi día había llegado, el que tanto había esperado. Los "si quiero" resonaron en la iglesia, y el beso fue el más intenso, bonito y profundo que me han dado jamás, fue el beso perfecto del mundo, la gente gritaba, lloraba y a nosotros nos esperaba un avión, nuestra Luna de miel...Y este fue el día más bonito y romántico de mi vida, la noche...podemos dejarla a parte.